En su juventud, R. Aharon Serebryanski era uno de los escasos alumnos de yeshivá dirigida por su padre en una pequeña ciudad, a unos treinta kilómetros de Melbourne (Australia).

Bajo dicha dirección, la yeshivá había crecido de forma lenta, pero sostenida. Y si bien el joven Serebryanski disfrutaba de su rol de mentor allí, seguía teniendo la esperanza de poder viajar algún día a Nueva York para estudiar en proximidad del Rebe.

Con la esperanza de recibir la anhelada aprobación para viajar a 770 y comenzar allí sus estudios, el ambicioso estudiante le escribió al Rebe en reiteradas oportunidades; pero, para su gran decepción, una y otra vez recibió como respuesta que debía permanecer precisamente donde estaba.

En una carta, el Rebe resumió sus razones para reorientar las intenciones de Serebryanski, explicando que, en consideración de que la Divina Providencia lo había llevado a Australia, debía permanecer allí y consagrarse aún más a la transmisión de las enseñanzas del jasidismo antes de poder pasar al "servicio más placentero" de estudiar en 770. 1

Después de haber logrado gran éxito en su trabajo, nuevamente pidió autorización al Rebe para viajar a Nueva York, pero una vez más el Rebe se lo denegó señalando que su éxito, junto con el hecho de que no hubiera otro para reemplazarlo, era un indicador de que R. Serebryanski había "hallado su misión en el mundo."

"¿Por qué abandonarías para marcharte a otro lugar?", le preguntó el Rebe, concluyendo que no debía dejar que "pensamientos externos2 perturbasen la importante labor que estaba realizando.

Finalmente, el joven rabino fue invitado a 770 y se sintió inspirado y entusiasmado por la experiencia, incluida la oportunidad de reunirse con el Rebe en iejidut (audiencia privada), donde fue elogiado por sus dedicados esfuerzos en Australia.

Después de regresar a su vida relativamente insatisfactoria en casa, Serebryanski nuevamente comenzó a inquietarse y el día anterior a Rosh Hashaná escribió al Rebe para explicar que, tras haber experimentado las Altas Fiestas en 770, los servicios en Australia lo dejaban con el anhelo de regresar a Brooklyn.

Dos días después de Rosh Hashaná, el Rebe le respondió. Citando varios discursos jasídicos relevantes, explicó que Serebryanski tenía razón acerca de la diferencia entre dónde estaba y dónde quería estar, pero ello era una cuestión de perspectiva. Ciertamente, estar en 770 sería un placer para él. Pero quedarse en Australia es un placer para Di-s. ¿Cómo podría quejarse?

De hecho, una de las pistas más importantes para ayudarte a discernir tu misión en la vida te espera exactamente ahí donde estás. Tu ubicación física inmediata, ya sea el lugar donde naciste o el lugar donde te encuentras ahora, es un indicador fundamental de dónde estás llamado a invertir la mayor parte de tus esfuerzos y energías. 3

Al reflexionar y comprometerte con el lugar donde la Divina Providencia te ha colocado, es probable que te encuentres cara a cara con la razón por la que has llegado allí, y con el papel que (dicho lugar) desempeña en el cumplimiento de tu propósito.

Una deuda pendiente

Esta simbiosis espiritual es un producto natural de las numerosas resonancias multidimensionales que se desarrollan entre tú y el lugar que ha dado forma a la persona que eres. Eres parte integrante del lugar en que te encuentras, aunque sea fácil darlo por sentado. El atractivo de lo exótico y lo desconocido, a menudo, surge de la incapacidad de ver el valor que aportamos al lugar al cual D-s dispuso que llegáramos y prosperásemos.

Esta fue la orientación que ofreció el Rebe en una correspondencia a un grupo de estudiantes de un campamento judío en Beer Yaakov, Israel, quienes le pidieron su opinión sobre sus esfuerzos para animar a los estudiantes judíos estadounidenses a emigrar a Israel.

El Rebe respondió explicando que cada estudiante tenía una deuda espiritual con la comunidad que los había formado para llegar a ser jóvenes judíos adultos e íntegros. Era su deber, escribió, transmitir el bien que habían recibido para que otros pudieran seguir su estela.

"...Un joven con vigor aún sin explotar y que todavía necesita integrarse a la vida y ser parte activa de la sociedad y de su entorno, debe priorizar su dedicación a su comunidad, de la cual recibió su potencial... Cuánto más cuando la comunidad [en la que se ha formado] se encuentra en situación precaria y quienes trabajan para sentar sus bases son pocos, entonces se comprende que la necesidad de lo antedicho sea [aún más] profunda... Sólo después de haber saldado su deuda con el lugar en el que se ha formado podrá pensar en qué hacer por sus hermanos judíos de otro lugar. 4 ,5

Esta fue la verdad que se le inculcó a Yerachmiel Glazer, nacido en una familia no observante de Johannesburgo (Sudáfrica) y criado cerca de Zambia, en la comunidad judía de Ndola. La otrora próspera comunidad había menguado significativamente desde su apogeo en la década de 1950 y carecía de oportunidades para aprender sobre el judaísmo.

En 1967, Glazer viajó a Israel para trabajar como voluntario en un kibutz (granja colectiva). Allí empezó a profundizar en sus raíces judías y se matriculó en la yeshivá para baalei teshuvá, retornantes a las tradiciones del judaísmo, en Kfar Jabad. Dos años más tarde visitó Nueva York, donde tuvo la oportunidad de conocer al Rebe por primera vez. Antes de su partida, Glazer envió al Rebe una carta que incluía una descripción acerca de la falta de judaísmo en su ciudad natal.

"Tuve una audiencia privada con el Rebe", recordó en una entrevista. "El Rebe leyó lo que yo había escrito sobre mi familia en Zambia y sobre mis estudios en Kfar Jabad. De repente, el Rebe levantó sus sagrados ojos y me dijo: 'Me gustaría que volvieses a Zambia y te involucraes en la difusión del judaísmo allí'."

Glazer quedó visiblemente sorprendido ante ese inesperado pedido, lo que impulsó al Rebe a impartirle más instrucciones. El joven debía seguir estudiando en Israel, pero paralelamente debía empezar a escribir cartas a su comunidad con orientaciones sobre cada festividad para que sean expuestas en la cartelera informativa de la sinagoga.

Seis meses después, el padre de Glazer le pidió que regresara a casa para colaborar en el emprendimiento familiar. El Rebe le dijo a Glazer: "Debes cumplir el pedido de tus padres y visitarlos por unos meses, y seguramente ello servirá para la difusión del judaísmo."

Durante su estancia en Zambia, Glazer recibió instrucciones de viajar por Ndola para enseñar a la población judía local las prácticas judías.

Mientras tanto, el Rebe seguía enviando a Glazer cartas de apoyo e instrucción, mostrando al joven un nivel de respeto usualmente reservado a quienes ya eran líderes comunitarios consolidados. 6

¿Por qué el Rebe, cuya vida estuvo marcada por un fuerte compromiso para con la educación judía, disuadiría a un joven de trasladarse a un lugar que enriquecería sus propios estudios judaicos?

Ello es porque el Rebe creía en nuestro vínculo providencial con el lugar en que nacimos, en la profunda responsabilidad que tenemos para con las almas que allí residen y en que, en última instancia, nuestra misión en la vida está ligada a ambos. 7

En tu puesto

De hecho, en sus encuentros, el Rebe recordaba a los líderes que estaban ansiosos por trasladarse a lugares aparentemente más propicios para su desarrollo personal y calidad de vida, que su lugar actual era exactamente el lugar donde les aguardaba su misión particular. Lo que en la superficie parecía una imposición, en realidad era una oportunidad privilegiada para liberar las chispas Divinas ocultas, específicamente marcadas para su alma individual en ese lugar concreto. Si partieran en busca de pastos más verdes, ¿quién cuidaría del proverbial rebaño y quién se ocuparía de esas chispas residentes?

Este fue el mensaje central de una carta del Rebe al profesor Marcus Arkin, director general de la Federación Sionista Sudafricana:

"Lo hemos visto suceder una y otra vez cuando los líderes de alguna comunidad han sido persuadidos a hacer aliá, con el inevitable resultado de que dicha comunidad declina rápidamente, física y espiritualmente. En una comunidad pequeña, la partida de un solo miembro influyente, ya sea rabino o no, puede marcar la diferencia”. 8

El Rebe compartió el mismo concepto, por medio de una explicación más penetrante de esta verdad, con un destacado activista judío del Reino Unido que deseaba trasladarse a Israel, en la esperanza de reorientar sus energías y su activismo hacia la Tierra Santa.

El Rebe le desaconsejó enérgicamente, explicándole:

"...Otra importante razón es que todos y cada uno de nosotros hemos sido movilizados por la Divina Providencia para librar la batalla por el judaísmo en un lugar específico. Y no es propio de un militar abandonar su puesto y a todos los militares que le rodean y a los lugares que debe defender, porque ha encontrado (en su opinión) otro lugar donde la batalla es más fácil.”9

Una y otra vez, el Rebe reafirmó la profunda responsabilidad que tenemos por el lugar en el que Di-s nos ha plantado, recordando a líderes y laicos por igual que lo que nosotros deseamos o creemos necesitar no debe confundirse con lo que de nosotros se necesita.

Desarróllate allí donde estás plantado

A sus trece años de edad, Adeena Bernhard se emocionó al enterarse de que su padre, R. Nachman Bernhard, había decidido trasladarse con su familia desde su hogar en Johannesburgo (Sudáfrica) a Israel. Les habían pedido que abandonasen el país debido a la firme oposición de R. Bernhard al apartheid.

Su entusiasmo se convirtió en frustración cuando Adeena se enteró de que el Rebe había intervenido en favor de su familia y había hecho los arreglos para que su padre se quedase. Cabizbaja, decidió escribir al Rebe la siguiente apasionada carta:

"Querido Rebe:

"Durante los últimos nueve años, mi padre ha demostrado ser un gran erudito y líder en el campo de la Torá. Como muchos otros tzadikim, tiene un gran deseo de radicarse en Eretz Israel... Yo tampoco puedo pensar en nada mejor que hacer Aliá a Israel. No lo deseo por mero placer ni por la emoción de la mudanza, sino porque no es como establecerse en cualquier otro lugar... es establecerse en la Tierra Santa, la Tierra Prometida, una Tierra en la que uno no debe avergonzarte de ser judío.

"En Eretz Israel mi padre aún podría hacer mucho por salvar almas judías, aunque no fuese rabino en actividad. Como niña de trece años que desea ver feliz a su padre y a su familia, le imploro por favor que tenga en cuenta mis sentimientos respecto a vivir en Israel cuando se plantee la cuestión...".

"Atentamente, Adeena Bernhard"

El Rebe respondió:

"Señorita Adeena Bernhard

"Bendiciones y saludos:

Y no me sorprende, por supuesto, conociendo a sus padres y el tipo de educación que (usted) ha recibido), pero no deja de ser gratificante verlo expresado en una carta.

"En cuanto al tema de su carta, seguramente no es necesario señalarle que cuando uno piensa en el bienestar de cualquier persona, incluyendo sobre todo su armonía y paz interiores, obviamente debe pensar no en función de los días y semanas inmediatos, sino también en cómo será a largo plazo. Esta debe ser la consideración respecto de toda cuestión, pero especialmente cuando se trata de dónde establecerse.

"Se trata de una cuestión muy seria, aun cuando uno se encuentra en la encrucijada, y mucho más cuando ya se ha establecido en determinado lugar y ahora contempla la posibilidad de cambio. En cuanto a su padre, y conociéndolo, no tengo ninguna duda de que él podría sentirse en su elemento solamente en un lugar donde puede utilizar plenamente los conocimientos que ha adquirido y las cualidades que Di-s le ha concedido. Es decir, utilizarlas al máximo para beneficio de todos. En comparación con esto, el propio confort —y lo digo también en sentido espiritual— no son el factor decisivo, y quizás ningún factor en absoluto...

“Con base en lo anterior y respaldado por el éxito de su padre, no solo en su ciudad sino en Sudáfrica en general, lo cual usted y demás miembros de la familia pueden apreciar, seguramente comprenderán, sin lugar a dudas, que su padre se sentirá en su elemento y será verdaderamente feliz si continua en su presente posición en su país." 10 ,11

En este intercambio, y en innumerables otros, el Rebe enseña que existe un beneficio, a menudo pasado por alto, en realizar el trabajo destinado a nosotros en el lugar y tiempo específicos, incluso si ello implica sacrificar nuestro propio confort, satisfacción o presunto desarrollo personal. Al permanecer firme en el lugar donde radica tu propósito Divino recibirás, en última instancia, recompensas espirituales que superan ampliamente las que crees que puedan estar esperándote en otro lugar con un atractivo más inmediato. Desarrolándote en el lugar en que estás plantado, el fruto de tus esfuerzos será mil veces mayor, y aún más.