Hace poco hablé con uno de mis clientes, un joven de 24 años que había comenzado a salir con una chica de 22. Ya habían tenido tres encuentros y apenas atendió el teléfono, pude percibir la emoción en su voz.
—¡Hola! ¡Tengo una noticia increíble para contarte!
—Te escucho —le respondí sonriendo.
Fue directamente al grano y comenzó a contarme lo absolutamente maravillosa que era ella.
—Muy bien —le dije—. Contame un poco más. ¿Qué es lo que la hace tan maravillosa?
Inmediatamente empezó a describir la química que había entre ellos: lo hermosa, divertida y encantadora que era, y lo fácil y natural que resultaba estar juntos.
Todo eso era maravilloso. Pero cuando le pregunté acerca de las cuestiones más profundas que habíamos conversado antes de su tercera cita —preguntas destinadas a ayudarlo a descubrir si compartían los mismos valores y si ella era realmente una persona interesada en crecer y superarse—, hizo una pausa.
—Bueno... en realidad no hablamos mucho de esas cosas. Me sentía un poco incómodo sacando temas tan serios cuando la estábamos pasando tan bien. Simplemente sentía que todo estaba bien.
Asentí en silencio. Es algo que comprendo y que escucho con frecuencia.
Ambos estaban disfrutando de conocerse y permanecían en ese ambiente agradable, divertido y despreocupado que suele caracterizar las primeras citas.
Todo eso es hermoso y positivo. Pero también requiere cierta precaución.
Debemos tener cuidado al utilizar palabras como "maravilloso" para describir a alguien a quien apenas conocemos, incluso cuando realmente sentimos que lo es.
Una persona puede ser agradable, carismática y encantadora. Incluso puede tener una excelente reputación y poseer todas las cualidades de personalidad que nos atraen.
Pero lo que hace que alguien sea verdaderamente extraordinario no es su personalidad, sino su carácter.
Esta distinción no es nueva. Se remonta a una de las historias más importantes de formación de parejas de nuestra tradición: cuando nuestro patriarca Abraham envió a su sirviente Eliezer a buscar una esposa para su hijo Itzjak.
La manera en que Eliezer llevó a cabo aquella misión nos ofrece un extraordinario modelo para buscar pareja, tan relevante en nuestros días como lo fue entonces.
Estos son los cuatro pasos fundamentales.
1. Comprender de dónde viene la persona con la que podrías formar pareja
La educación y el entorno en los que una persona creció influyen en su manera de desenvolverse dentro del matrimonio y en el mundo en general.
Abraham conocía perfectamente la misión de vida que estaba transmitiendo a Itzjak y a las futuras generaciones.
Sabía que su propósito era revelar la presencia de Di-s en el mundo mediante la bondad, la rectitud y la enseñanza de una vida con un propósito más elevado.
Con esto en mente, le indicó a Eliezer de dónde debía provenir la futura esposa de su hijo: de su propia familia extendida.
Rashi, el gran comentarista clásico de la Torá, explica que la familia de Abraham, a pesar de practicar la idolatría, conservaba cierto nivel básico de decencia y refinamiento, a diferencia de sus vecinos cananeos, cuya conducta era corrupta e inmoral.
Estos valores compartidos eran importantes porque Abraham buscaba una mujer cuyo entorno hubiera influido positivamente en su manera de relacionarse con los demás y en el tipo de familia que algún día formaría.
Eran cualidades esenciales para continuar la misión que Abraham estaba transmitiendo a Itzjak.
Abraham tenía una visión clara de lo que buscaba. Y no es posible alcanzar un objetivo si primero no sabemos cuál es.
2. Rezar para encontrar a la persona adecuada y tomar la decisión correcta
El segundo paso es indispensable.
Eliezer le pidió a Di-s que lo ayudara a tomar la decisión correcta.
Existe una profunda sabiduría en reconocer que nuestra capacidad de percepción es limitada y que solamente podemos ver una parte de la realidad.
Cuando recurrimos a Di-s, invitamos a que la claridad y la orientación divina nos acompañen en un proceso que, de otro modo, puede resultar abrumador.
Después de rezar, Eliezer emprendió su misión con la confianza de que Di-s lo ayudaría a reconocer a la mujer adecuada para Itzjak.
3. Saber cuáles son tus valores
Eliezer identificó las cualidades específicas que debía poseer la futura esposa de Itzjak.
Abraham y Sará eran ejemplos extraordinarios de bondad y hospitalidad. Su hogar estaba abierto a los desconocidos y ambos se dedicaban a difundir el conocimiento de un único Di-s.
Para continuar aquella misión, la mujer que se incorporara a la familia debía poseer tres cualidades fundamentales: bondad, capacidad y fortaleza.
La bondad era necesaria para relacionarse con las personas de una manera que pudiera influir positivamente en su conexión con Di-s y en su sentido de propósito en la vida.
La capacidad y la fortaleza serían indispensables no solamente para continuar la misión de la familia de Abraham, sino también para las futuras generaciones del pueblo de Israel y los desafíos que enfrentarían durante el exilio.
Rivká demostró poseer estas tres cualidades.
Cuando conoció a Eliezer, que era un completo desconocido, y vio que tanto él como sus camellos tenían sed, podría haberse limitado a ofrecerle agua solamente a él.
También podría haberles dado apenas un poco de agua, suficiente para aliviar momentáneamente su sed.
Sin embargo, Rivká ofreció agua tanto a Eliezer como a todos sus camellos, hasta que quedaron completamente satisfechos.
Fue su bondad la que le permitió reconocer aquella necesidad, mientras que su capacidad y fortaleza hicieron posible que completara una tarea tan exigente.
Esta enseñanza también se aplica a nuestra época.
No podemos saber si alguien es la persona adecuada para nosotros si primero no sabemos qué cualidades necesitamos realmente en una pareja.
Y para descubrir qué estamos buscando, debemos comenzar por preguntarnos:
¿Cuál es mi misión en este mundo? ¿Qué cosas valoro verdaderamente?
Solamente entonces podremos comenzar a buscar una persona cuyos valores y objetivos sean compatibles con los nuestros.
4. Observar atentamente a la persona con la que estás saliendo
Finalmente, llegamos al cuarto paso: Eliezer observó.
Prestó atención a Rivká mientras actuaba, en una situación real.
No se dejó llevar por su apariencia, su encanto o su personalidad.
Observó cuidadosamente su comportamiento: las decisiones que tomaba, su generosidad espontánea y su capacidad para actuar.
Y precisamente porque sabía en qué debía concentrarse, pudo reconocer de inmediato que Rivká era la mujer adecuada para Itzjak.
Es muy fácil dejarse llevar por la atracción y la química que sentimos con otra persona.
Y aunque ambas son importantes, nunca pueden reemplazar una comprensión más completa de los valores y principios que realmente definen a alguien.
Si querés conocer verdaderamente a una persona, prestá atención a cómo sus valores se manifiestan en sus decisiones y en la manera en que trata a los demás.
Observar de dónde viene y hacia dónde se dirige te permitirá comprender mejor si su misión en la vida es compatible con la tuya.
Cuando estas cualidades coinciden, se crean las condiciones para construir no solamente un matrimonio pleno y satisfactorio, sino también para ejercer una influencia positiva sobre las futuras generaciones.
Y cuando encontrás a alguien así, recién entonces podés decir con verdadera convicción:
“Es una persona extraordinaria”.
Y saber exactamente por qué lo decís.

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