Pregunta: Hace aproximadamente un mes que sigo cumpliendo con mis responsabilidades y trato de crecer cada día. Estudio un poco más de Torá, dedico más tiempo al trabajo y procuro mejorar en mis obligaciones diarias. Sin embargo, últimamente siento que hago todo de manera automática. Antes tenía entusiasmo, sentía que hacía las cosas con el alma y con amor, y ahora siento que esa luz se está apagando. Incluso antes podía reconocer mis errores con mayor facilidad y hoy me cuesta más hacerlo. ¿Qué puedo hacer?
Respuesta: Lo que describe no necesariamente significa que esté retrocediendo. En la vida espiritual existen momentos de mucha inspiración y otros en los que sentimos cierta sequedad. Una parte fundamental de nuestra avodá es aprender a continuar haciendo lo correcto incluso cuando no sentimos el mismo entusiasmo.
El Rebe enseñaba muchas veces que no debemos esperar a tener ganas para actuar. A veces pensamos que primero necesitamos sentir inspiración y solamente después podremos estudiar, rezar o hacer una mitzvá. Pero muchas veces sucede exactamente al revés: primero actuamos, creamos el recipiente, y después comienza nuevamente a revelarse la energía interior.
Podemos comprenderlo a través de la historia del profeta Elishá y la viuda. Ella se encontraba en una situación desesperada y solamente tenía una pequeña vasija de aceite. Elishá le indicó que consiguiera muchas vasijas vacías. Entonces ocurrió algo extraordinario: mientras hubo recipientes, aquel poco de aceite siguió fluyendo y llenándolos.1
La pequeña vasija de aceite puede representar la esencia de nuestra alma, esa chispa profunda que nunca desaparece aunque a veces quede oculta. Puede suceder que una persona no sienta entusiasmo, inspiración o fuerzas, pero eso no significa que su neshamá se haya apagado. El aceite sigue allí. La esencia permanece intacta.
Lo que necesitamos es preparar las “vasijas” para que esa energía pueda revelarse. Estudiar aunque hoy cueste. Rezar aunque no sintamos una emoción especial. Hacer una buena acción. Ayudar a otra persona. Llamar a alguien que necesita compañía. Cumplir con nuestras responsabilidades aunque ese día no sintamos inspiración. Cuando seguimos creando recipientes, aquello que estaba oculto puede comenzar nuevamente a fluir y a iluminar nuestra vida.
Por eso, no debemos despreciar aquello que hacemos simplemente por constancia. Hay un enorme valor en servir a Hashem también cuando no sentimos entusiasmo. Muchas veces el sentimiento llega después de la acción. La luz no desapareció; simplemente está más oculta, y nuestras acciones son las vasijas que permiten que vuelva a manifestarse.
Si además esta falta de energía se extiende a todas las áreas de la vida y durante varias semanas afecta profundamente el ánimo, el sueño, el trabajo o las actividades cotidianas, también es importante consultar con un profesional de salud. Cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente también forma parte de nuestra responsabilidad.
La esencia sigue allí. El aceite sigue allí. A veces solamente necesitamos seguir preparando las vasijas para que vuelva a fluir.

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