Pregunta: La carne kosher suele ser mucho más cara que la carne común y, en algunos lugares, la calidad no siempre justifica esa diferencia de precio. A veces uno puede llegar a preguntarse: ¿por qué seguir haciendo el esfuerzo de consumir carne kosher? ¿Cuál es realmente el sentido de esta mitzvá?
Respuesta: Es verdad que la carne kosher suele tener un costo mayor. Esto se debe a que requiere una faena realizada por personal especializado, supervisión rabínica, revisión del animal, kasherización y salado, y muchas veces una producción relativamente pequeña. Pero la razón principal para seguir comiendo kosher es sencilla: porque somos judíos y queremos vivir de acuerdo con la voluntad de Hashem, incluso cuando eso implica esfuerzo.
No cumplimos las mitzvot solamente cuando son fáciles o económicas. A lo largo de nuestra historia, generaciones de judíos hicieron enormes sacrificios para conservar Shabat, kashrut, brit milá y otras mitzvot. Precisamente cuando una mitzvá exige esfuerzo, se expresa con más fuerza nuestro compromiso con Hashem.
La kashrut también ha sido una poderosa protección frente a la asimilación. Nuestros Sabios entendieron que la comida no solamente alimenta el cuerpo: también crea vínculos sociales. Por eso establecieron ciertas restricciones adicionales, como las leyes de stam ienam —vino producido o manipulado por no judíos— y bishul akum —determinados alimentos cocinados por un no judío—, para limitar una excesiva intimidad social que pudiera conducir a matrimonios mixtos y a la pérdida de la identidad judía.1 Estas leyes ayudaron durante siglos a que el pueblo judío conservara una mesa, una familia y una identidad propias.
Además, la Torá no presenta la alimentación solamente como una cuestión física. Aquello que comemos también influye sobre nuestra sensibilidad espiritual. Después de enumerar los animales permitidos y prohibidos, la Torá dice: “Santifíquense y sean santos”.2 Comer kosher significa recordar, incluso en un acto tan cotidiano como sentarnos a comer, que también nuestro cuerpo y nuestros hábitos pueden ser utilizados para servir a Hashem.
Ahora bien, comer kosher no significa que necesariamente tengamos que comprar carne cara todo el tiempo. Si la carne kosher disponible resulta demasiado costosa o no satisface por su calidad, se puede reducir su consumo y utilizar otras alternativas kosher: pescado permitido, huevos, lácteos, legumbres y comidas vegetarianas. La mitzvá es comer kosher, no comer carne todos los días.
Por eso, en lugar de preguntarnos “¿para qué hacer este esfuerzo?”, quizás conviene preguntarnos qué significa mantener una mitzvá incluso cuando no siempre es cómoda. Cada vez que una familia mantiene kashrut está afirmando que su identidad judía, su vínculo con Hashem y la continuidad del pueblo judío son suficientemente importantes como para orientar también algo tan cotidiano como lo que ponemos sobre nuestra mesa.

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