Printed from Jabad.org.uy

Emor: Hablando se Entiende

Emor: Hablando se Entiende

 E-Mail

Conceptos y Preceptos del Judaismo 

 

Emor

Hablando se Entiende

 

Cuando nos cruzamos con alguien que hizo algo claramente indebido, ¿cómo reaccionamos, condenándolo o alabándolo?

Pero, se preguntará, ¿cómo se puede alabar el comportamiento indebido de alguien?

Veamos.

El Tamud1 cuenta que el sabio Rabí Iojanan estaba bañándose en el río Jordán cuando lo vio Resh Lakish (líder de una banda de ladrones) quien saltó al río con la intención de asaltarlo. 

Rabí Iojanan le dijo: tu fuerza sería ideal para el estudio de Torá. 

Respondió Resh Lakish: tu belleza sería buena para las mujeres (Rabí Iojanan era excepcionalmente lindo de aspecto).

Dijo Rabí Iojanan a Resh Lakish: si te dedicas al estudio de la Torá, mi hermana – quien es mucho más linda que yo - se casaría contigo. 

Aceptó el trato y llegó a ser un gran sabio.

Aquí está la clave. Se puede condenar lo que uno hizo mal y se puede alabar su potencial para hacer el bien. Al condenar el mal que hizo, estamos simplemente reafirmando lo negativo; al hablar del bien potencial, reafirmamos el lado positivo y le damos pie para que lo manifieste en la práctica.

Tanto Resh Lakish como cualquiera que lo conocía veía en él un hombre bruto de gran fuerza física. Era un gladiador que peleaba con animales salvajes. ¿Qué potencial positivo puede tener una persona así? Ni él ni nadie veía en él más que un hombre salvaje.

Hasta que se cruzó con Rabí Iojanan. Rabí Iojanan no lo rezongo por cómo era. Rabí Iojanan simplemente vio y le hizo ver una faceta de sí que quizás nunca había considerado. Esa fuerza bruta que tenía no tenía necesariamente porque aplicarse a la destrucción. Si se aplicara a una tarea constructiva podría tener grandes resultados positivos.

Fue la palabra de Rabí Iojanan la que sacó ese potencial de su escondite, lo expuso y le dio vida.    

Esta actitud tiene muchas aplicaciones en la vida cotidiana.

Muchas veces nos topamos con situaciones, actitudes y comportamientos desagradables. ¿Cómo reaccionamos? Lo natural es reaccionar con enojo o tristeza como resultado de nuestra impotencia ante la injusticia. Somos víctimas. 

¿Cuál es el resultado? Angustia. Mucha angustia. Sube la presión y baja el estado de ánimo.

Pero, hay otra posibilidad. Podemos ver la situación no por lo negativo que parece ser, sino por lo positivo que puede llegar a ser. Si uno fue capaz de hacer tanto daño, imaginate cuánto bien puede hacer...

Al lograr ver el potencial positivo tendremos el poder de hacérselo ver, activarlo y dejaremos de ser víctimas. Muy a menudo hace falta nada más que una palabra positiva para cambiar la situación. Con la palabra justa podemos ayudar al otro a ver una realidad que no fue capaz de ver solo y que le servirá de motivación para embarcar en el camino del bien.

 

Es Cuestión de Voluntad

Esta habilidad de encontrar el bien en cada situación parece no tener límites, como veremos en la siguiente historia (algo exagerada).

Había un pueblo que tenía la costumbre de que antes de enterrar a alguien había que hablar de sus cualidades y méritos. 

Sucedió que murió el rico amarrete del pueblo y nadie tenía nada positivo para contar de él. ¿Qué se hace?

La gente esperó pacientemente hasta que a alguien se le ocurriese relatar algo positivo de ese hombre miserable.

Finalmente, Jorge levanta la mano y dice que tiene algo positivo para decir del difunto. 

Todo el mundo lo miró, incrédulo. ¿Qué mérito le habrá encontrado?

“Resulta que este hombre no era tan malo. Su hijo es mucho peor que él”.

Bueno, algo es mejor que nada. Alcanzó con ese “mérito” para poder darle sepultura.

Pasaron los años y el hijo murió. 

¿Qué se hace ahora? ¿Quién le podrá encontrar un mérito para que pueda llegar a tener sepultura en el cementerio comunitario?

Luego de una larga espera, Jorge levanta la mano y dice tener un mérito para relatar. “Fue gracias a él que su padre llegó a tener sepultura en el cementerio comunitario…”  

El que busca, encuentra. Quizás podemos decir más aún: encontrás lo que buscás.

 

En la Educación de los Hijos

El otro día presencié una aplicación de este principio que me impresionó mucho. 

Había un niño de tres años que estaba jugando con su hermanito menor, dándole un abrazo que lo sofocaba. El chiquito no podía respirar y protestaba. Me horroricé. El padre, muy sabio, en vez de amonestar al hijo le dijo: “Sé que estás abrazando a tu hermanito porque lo quieres mucho, pero a él no le gusta cuando lo haces tan fuerte. Le duele.”

El niño soltó a su hermanito, motivado para encontrar una manera de mostrarle su amor de una manera que también a él le guste…

La reacción natural de muchos padres sería probablemente gritarle al hermano grande que soltara a su hermanito porque lo estaba molestando… Este padre sabio supo ver, hacer ver y reafirmar el amor que tenía el chico hacia su hermanito en lugar de reafirmar la manifestación negativa de que lo estaba molestando. El mensaje para el niño fue claro: “Yo sirvo. Mis intenciones son buenas y deseadas. Debo nada más que aprender a afinar la puntería y hacer las cosas de una manera aún mejor...”

Dicha actitud tiene su aplicabilidad en todas las relaciones tanto personales como comunitarias. Podemos optar por condenar lo que no nos gusta o ver aun en las situaciones tanto real como aparentemente negativas la semilla de un bien superior y cultivarla hasta que florezca y dé frutos.

 

“Tolerancia” Cero

Se habla mucho estos días en contra de la discriminación al diferente y en pro de la tolerancia.

¿Es realmente bueno tolerar al diferente?

Creo que no. 

La Real Academia Española define “tolerar” de la siguiente manera:

tolerar

(Del lat. tolerāre).
1. tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

No hay que tolerar al diferente; hay que respetarlo. No hay que tolerar al diferente a pesar de su diferencia; hay que respetar y valorarlo por su diferencia. Todos tenemos nuestras fuerzas como también nuestros desafíos. Si nos parece ver algo negativo en el otro, debemos aprender a encontrarle el potencial positivo, hablarle y ayudarlo a darse cuenta de ello y ponerlo en práctica.

 

Basado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch, que su mérito nos proteja, sobre la lectura bíblica de esta semana, Emor2(=”Di”).

 
1. Bava Metzía, 84a
2. Lev. 19:1–20:27 
 
 E-Mail