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El Enojo

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Conceptos y Preceptos del Judaismo 

El Enojo

 

Cuentan de un hombre que se dedicó tanto a los negocios como al estudio de la Torá. Un día llegó la noticia de que el barco que cargaba toda su mercadería se había hundido en altamar. Implicaba que había perdido a todo su patrimonio.

La secretaria que recibió el telegrama no se animó a transmitírselo a su jefe y contactó a su discípulo favorito para que se lo transmita.

El discípulo se acercó a su maestro y le preguntó: “El Talmud1 dice que ‘uno debe bendecir a D-os por lo malo de la misma manera que bendice por lo bueno.’ No entiendo qué quiere decir esto, si hay dos bendiciones diferentes para los acontecimientos positivos y para las tragedias.”

“Lo que quiere decir es que si bien hay dos bendiciones diferentes, hay que pronunciarlas con el mismo entusiasmo y agradecimiento a D-os.”

“Pero, ¿cómo puede ser que uno agradezca por lo malo de la misma manera que agradece por lo bueno?”

“Lo que pasa es que desde nuestro punto de vista parece que es malo, pero desde el punto de vista de D-os es realmente para nuestro beneficio,” aclaró el maestro.

Pero, “¿cómo puede uno festejar cuando está sufriendo?” Insistió.

“Si uno sube arriba de las nubes verá el sol,” contestó el maestro.

“En ese caso, empiece a bailar…”

Al contarle lo que había sucedido, estalló en llantos.

Al tranquilizarse un poco, dijo al discípulo: “¿Sabes? Yo tampoco entiendo ese pasaje del Talmud…”

 

Una cosa es entender que uno debería controlar su enojo y tristeza y otra cosa es ponerlo en práctica. 

¿Cómo se hace para ponerlo en práctica?

Controlar el enojo es uno de los desafíos más difíciles que el hombre tiene. Según el judaísmo el que se enoja está considerado como si adorara ídolos.

Veamos cómo funciona el enojo, por qué es tan grave y cómo se puede hacer para superarlo.

 

La Síntesis del Enojo 

Indefectiblemente, uno se enoja cuando cree que alguien hizo algo malo contra él. O sea, hay tres condicionantes para que uno se enoje: 1) alguien; 2) hizo algo malo; 3) contra él. Si faltase uno de estos tres elementos uno no tendría por qué ni con quién enojarse.

Con esta definición de las condiciones que provocan el enojo podemos entender por qué se considera que cuando uno se enoja está considerado como si adorara ídolos.

Según el pensamiento judaico, todo lo que ocurre en el mundo es por Providencia Divina, o sea porque así D-os lo haya orquestado. No pasa absolutamente nada en el Universo sin que D-os ordene que ocurriese. De esto entendemos que todo lo que ocurre en el mundo es para el beneficio del hombre, aunque no siempre entendamos cómo es así. Enojarse con alguien implica atribuirle a ese individuo un poder independiente de D-os y la capacidad de hacer el mal contra otro.

Hemos hablado en otras ocasiones sobre cómo resolver la aparente contradicción entre la Providencia Divina y el Libre Albedrío que dicho pensamiento genera.

 

El Ejemplo de Hillel

El Talmud2 nos dice que hay que aprender de la paciencia de Hillel, y nos cuenta un ejemplo de dicha paciencia.

Hubo dos hombres que apostaron entre sí para ver quien lograría hacer enojar a Hillel. El que lo lograse ganaría 400 zuz. Ese día era viernes y Hillel se estaba bañando en preparación para Shabat. El que aceptó el reto fue a la casa de Hillel y gritó en la calle (en forma irrespetuosa y provocativa) ¿Quién por aquí es Hillel? ¿Quién aquí es Hillel?

Hillel se vistió y salió de su casa. “¿Qué quieres, mi hijo?” preguntó.

“Tengo una pregunta”, respondió.

“Pregunta, mi hijo, pregunta”.

“¿Por qué es que las cabezas de los babilónicos son redondas?”

“Hiciste una gran pregunta. Es porque no tienen parteras atentas.”

Esperó un rato y volvió.

“¿Quién es Hillel? ¿Quién es Hillel?”, gritó.

Hillel se vistió y salió a atenderlo.

“¿Qué necesitas?” preguntó.

“Tengo una pregunta”

“Pregunta, mi hijo, pregunta”.

“¿Por qué es que los ojos de los Tarmudeos son débiles?"

“Hiciste una gran pregunta. Es porque viven en lugares de mucha arena”.

Se fue y volvió después de un rato.

“¿Quién es Hillel? Quién es Hillel?”

Hillel se vistió y salió.

“¿Qué precisas, mi hijo?”

“Tengo una pregunta.”

“Pregunta mi hijo, pregunta”

“¿Por qué es que los pies de los africanos son anchos?”

“Hiciste una gran pregunta. Es porque viven en lugares de mucho barro”.

“Tengo muchas más preguntas, pero temo que se enojará conmigo”, dijo el hombre.

Se vistió y se sentó y dijo “haz todas las preguntas que tengas.”

¿Tu eres el Hillel a quien le consideran Principe de Israel?”

“Sí.”

“Si eres tu, que no hayan muchos como tu en el pueblo de Israel.”

“¿Por qué, mi hijo?”

“Porque por su culpa perdí 400 zuz”.

“Cuídate con tu espíritu”, dijo Hillel. “Vale la pena que pierdas 400 zuz por culpa de Hillel y otra vez 400 zuz y Hillel no se enojará”.

 

En el Matrimonio

El Talmud señala lo especialmente destructivo que es el enojo dentro del matrimonio. Tanto la palabra Ish (hombre) como la palabra Ishá (mujer) contienen las dos letras Alef y Shin que componen la palabra Eish, fuego. En la palabra Ish, están separadas por la letra Yud y en la palabra Ishá están juntas, seguidas por la letra Hei. La proximidad de las letras Alef y Shin en la palabra Ishá nos enseña que la mujer es más propensa a enojarse y hay que cuidarse especialmente de no provocarla. 

 

Maimónides 

De acuerdo al famoso “sendero dorado” que Maimónides define3 como el camino ideal de la vida, uno debe siempre andar entre los dos extremos de cada característica humana. En cuanto al enojo, señala que uno no debe ser enojón ni tampoco como si fuera un muerto que no reacciona a nada. Debe enojarse sólo por aquello que lo amerita.

Hay quienes van más allá del camino del medio y absorben mucho antes de enojarse, como vimos en la historia de Hillel.

 

Moisés 

El enojarse hace que uno pierda su sano juicio. El ejemplo más notorio es el de Moisés quien perdió su derecho a entrar a la Tierra Prometida únicamente porque había hablado y actuado (pegando la piedra en vez de hablarle para que produzca agua) mientras estaba enojado.

 

Kosó, Kisó, Kaasó

Nuestros sabios4 enseñan que se reconoce el verdadero carácter de alguien en tres instancias, Kosó, su copa, Kisó, su bolsillo y Kaasó, su enojo, o sea cuando se emborracha, cuando le piden colaboración, y cuando se enoja. En estas tres instancias, cuando pierde su control, sale el verdadero carácter de uno.

 

 

1. Berajot, 54a

2. Shabat, 30b

3. Hiljot Deot, capítulo 1.

4. Eiruvin, 65b

 

 

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