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Vivir con Integridad

Vivir con Integridad

Navegando por los Dilemas Eticos de Todos los Días

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Pregúntale a la mayoría de las personas si son honestos y éticos y te responderán afirmativamente. Pregúntales qué significa ser honesto y ético y sus respuestas serán más imprecisas. Cualquier debate honesto de dilemas de la vida real, ya sean relaciones complejas con los padres, el esfuerzo por mantener promesas, el arte emocionalmente fastidioso de perdonar un error grave, nos lleva a la conclusión que vivir con integridad significa enfrentar una serie de desafíos complejos constantes todos los días. Al conocernos a nosotros mismos desde adentro, damos testimonio íntimo a la magnitud de confusión y dificultad interna que tales elecciones complejas puedan generar.

Desde tiempos inmemoriales, filósofos, figuras religiosas y pensadores políticos han tratado de responder la pregunta: “¿Cuál es la acción correcta?” Este curso, Vivir con Integridad: Navegando por dilemas éticos de todos los días, ofrece un acercamiento único de la Torá y la ley judía a la ética. En su interior se encuentra una comprensión de lo que escuchamos instintivamente como una voz interior vaga que inmediatamente enfatiza: “las elecciones aparentemente triviales de la vida cotidiana son cuestiones de importancia cósmica”. Profundo en nuestro interior, sentimos que lo que se puede considerar con frecuencia como insignificante – ya sea un comentario casual, un acto aparentemente ilógico – tiene gran importancia. La integridad de cada ser humano, no solo nuestras figuras públicas, representa la trascendencia universal que cambia el destino.

Este curso abrirá nuevos horizontes de la consciencia moral. La Torá nos lleva a lo largo de un camino que exige un equilibro inteligente. No anula la complejidad de las decisiones que enfrentamos al ofrecer el falso refugio de formulas simplistas. Tampoco se entrega al cinismo y desesperación que una posicion demasiado honesto pueda ser tentado a sugerir. Más bien, nos da el poder para enfrentar el desafío al proporcionar el conocimiento que necesitamos a fin de navegar por nuestras tareas diarias acompañados por un sentido evidente, coherente y competente de propósito moral. Vivir con integridad

Este curso esta creado para ayudarnos a identificar nuestra esencia personal de integridad y para descubrir métodos de participación regular en nuestras decisiones diarias, de ese modo establecer nuestro carácter moral dentro del mundo. El curso se extrae de la sabiduría antigua que continua para informar e inspirar la humanidad, para agudizar la consciencia de los temas y para fortalecer un mejor hoy e incluso un mañana más brillante.

Programa:

Privacidad

La visión perturbadora de George Orwell de la sociedad bajo total vigilancia no dista totalmente de la realidad moderna. Pero el medio para una invasión completa de la privacidad se encuentra no en las manos de un gobierno “Gran Hermano”, sino en millones de ciudadanos comunes. Las computadoras siguen cada golpe; una opción de “reenviar” atrae con malicia en cada correo electrónico; cámaras de alta resolución se asoman desde cada bolsillo con conexiones de alta velocidad ansiosas de enviar.

El judaísmo nos recuerda que la dignidad humana es sagrada. Un elemento vital de la dignidad humana es el respeto por la privacidad de los demás. Profundo en nuestro interior, todos reconocemos esto, y es por eso que nos ofende por un gobierno que agobia a sus ciudadanos y maneja un exceso de monitoreo.

Pero ¿cómo vamos a actuar cuando necesitamos información, quizás para proteger los derechos humanos o la dignidad, pero reconocemos que al obtenerla choca con lo mismo? ¿Un empleador tiene el derecho de leer los correos electrónicos de un empleado enviados durante las horas de trabajo? ¿Una madre debe compartir información privada sobre su hija adolescente con una vecina con el deseo de conseguir su ayuda? ¿Puedo compartir información sobre un tercero que es indispensable para la decisión de vida de mi amigo?

Perdón

En el bullicio y ajetreo de la vida real, es inevitable que incluso los bien intencionados entre nosotros puedan ofender ocasionalmente o ser ofendidos enormemente. Tal herida es impredecible. Puede involucrar a alguien que acabamos de conocer; puede incluso venir de alguien cercano a nosotros. Mientras algunas ofensas son triviales, otras pueden ser profundas y severas.

“El perdón es una virtud”, repetimos de memoria. Mientras que el concepto abstracto del perdón suena prometedor, alguien que ha sufrido un profundo dolor puede descubrir que el perdón real puede ser una tarea tremenda, que desgarra el alma cargada con preguntas. ¿Por qué debo estar dispuesto a perdonar? ¿El imperativo moral es siempre perdonar? ¿ Hasta qué punto el perdón depende de mis sentimientos? ¿Podría estar mal algunas veces perdonar?

Debe haber un límite que divida el acto moral de perdonar a un causante del mal y el acto inmoral de alentarlo a que continúe actuando con impunidad. ¿Cómo marcamos ese límite claramente, asegurando el resultado deseado?

Caridad

Una semana antes de las vacaciones, descubrimos nuestro buzón lleno de cartas con pedidos de donaciones. Un recordatorio de la sinagoga local, tres solicitudes de varias instituciones israelíes, solicitudes de una orquesta sinfónica, autoproclamados amigos de siempre y el pedido fraternal de la policía, rematando con un pedido de recolección de juguetes para un hospital de niños. 

Ya que consideras responder a algunos de ellos, recuerdas que hace poco tu primo te pidió prestado una suma importante, está sin trabajo y en problemas con su hipoteca. ¿Tienes alguna obligación de ayudar? En la decisión de ayudar, ¿cómo debes determinar tus prioridades? ¿Qué hay con respecto a los dos indigentes lastimosos que te cruzas cada mañana cuando vas al trabajo?

Mientras la caridad es globalmente elogiada, aún necesitamos descubrir sus pautas. ¿Son caridad las cuotas de la sinagoga? ¿Qué sucede con los impuestos? ¿Acaso no ayudan a los pobres y a los enfermos? ¿Podría un porcentaje del dinero de nuestros impuestos ser considerados para caridad?

Padres

Idealmente, nuestros padres nos proporcionan la vida además de un modelo para las relaciones humanas. La Torá reconoce el tremendo aporte de los padres y el impacto crucial que esta relación más básica posee para toda la humanidad. Así, la Torá demanda que colmemos de honor y respeto a nuestros padres. Este mandamiento es tan importante que fue fijado en piedra en el Sinaí y entregado al pueblo judío como uno de los Diez mandamientos.

Esta directiva parece sencilla, pero ¿qué implica en realidad? ¿Cómo vamos a reaccionar ante la posibilidad de que los padres mayores consuman nuestro tiempo, ahorros y energía? ¿Tenemos la obligación de llevar a nuestros padres a nuestra casa o pagar por su cuidado y por sus medicamentos? ¿Un hermano más adinerado debe estar obligado a asumir la carga económica? ¿Se espera que nos sacrifiquemos por un padre abusivo? ¿Recibir a un padre en nuestra casa sobrepasa la estabilidad marital? Vivir en la generación sándwich nos obliga a probar los parámetros de nuestra obligación moral hacia nuestros padres.

Honestidad

La honestidad es la mejor política. ¿Quién puede negar eso sin renunciar a su integridad? Immanuel Kant dijo la famosa frase: “Por una mentira, un ser humano tira a la basura y, por así decirlo, aniquila su dignidad como ser humano”.

Aun así, nuestro mundo complejo ha logrado con demasiada frecuencia marcar la honestidad como un profundo dilema. Mientras las mentiras difamatorias y la obstrucción de la justicia en un tribunal son errores obvios, muchos casos de falta de honradez no efectúan tales consecuencias dramáticas. ¿Son realmente tan terribles?

¿Podemos ajustar la verdad, quizás solo un poco, a fin de proteger a un ser querido de un dolor innecesario o evitar una admisión vergonzosa de ignorancia? ¿Puede un delincuente arrepentido mentir a fin de mantener su pasado oculto? ¿Se debe considerar loable mentir para proteger a los hijos de una información espantosa o para evitar que un paciente mayor y frágil se entere de una noticia desgarradora?

¿Se puede justificar una mentira gigante? ¿Las buenas intenciones defienden moralmente una mentira?

Compromisos

En nuestras vidas personales, a menudo hacemos promesas. Con mucho gusto aceptamos hacerle un favor a un amigo. Indicamos que nos gustaría salir una noche con un amigo. Comunicamos nuestra buena predisposición para sumarnos a un emprendimiento comercial.

De repente las circunstancias cambian. Ya no hay tiempo para ese favor. Un día difícil nos consume la energía que esa salida nocturna demanda. Una opción más atractiva surge. Una crisis inesperada exige nuestra atención. Una propuesta económica surge de otro campo que empequeñece el primer proyecto.

¿Es inmoral no cumplir con nuestros compromisos? ¿Hasta qué punto nos sentimos obligados a cumplirlos? ¿Qué sucede si todas las partes son conscientes de nuestras buenas intenciones y que ahora nuestros compromisos son demasiado difíciles e insuficientemente provechosos?

¿Qué compromisos deben perdurar bajo la ley y cuales son simplemente cuestiones de decencia personal? ¿Cuándo podemos ser liberados sin dañar nuestra integridad? Sin duda, debemos considerar que si se permite que los compromisos se marchiten a su antojo, entonces también puede la estructura de nuestra sociedad.

 

Curso a cargo del Rabino Mendy Shemtov

Comienzo: Martes 23 de Abril de 2013
Horario: 19:30 a 21:30 
Lugar: Templo Tehila David - Franzini 888 

 

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