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La Angustia

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Conceptos y Preceptos del Judaismo 

 

La Angustia

 

En ocasión del 24 de Tevet, bicentenario del fallecimiento de Rabí Schneur Zalman de Liadí, fundador del movimiento Jabad.


Isaquito llega a la nueva ciudad y entra al bar para pedir una cerveza. Luego de tomarla, agarra la botella y la tira contra el barman. Pide disculpas y expresa su remordimiento. Lo mismo sucede la segunda vez que va al bar y la tercera. El barman no está dispuesto a soportar semejante conducta y le prohíbe la entrada hasta que no se haga terapia. Pasan seis meses y aparece Isaquito con una nota de su psicólogo atestiguando que, efectivamente, hizo la terapia necesaria y está curado. El barman le accede al pedido de una botella de cerveza. Al terminarla, agarra la botella y la tira contra el barman.

“Y, ¿eso?” preguntó el barman, incrédulo. “¿No es que habías hecho terapia?”

“Es cierto,” dice Isaquito.

“Pero continúas tirando botellas. ¿Para qué te sirvió la terapia?”

“Es que ahora no siento culpa ninguna...”  

 

Entre los padecimientos más prevalecientes en nuestra generación de abundancia y confort están – paradójicamente – la angustia, la tristeza y la depresión. Hoy en día hay más gente con mayores libertades personales que nunca para hacer lo que quiere, pero… sigue infeliz.

Algunos datos: En los EEUU, la venta de antidepresivos, un mercado con valor billonario, subió en unos 400% en las últimas dos décadas. Uruguay es el país de América Latina con mayor tasa de suicidio (1).

¿Qué dice el judaísmo – y en especial el jasidismo - al respecto?
 
Antes que nada, distingue entre la amargura y la tristeza. La amargura es una señal de sensibilidad. Uno se siente amargado cuando percibe que las cosas no son como deberían ser. Peor que sentirse amargado por haber hecho algo indebido, o haber perdido algo valioso, es no sentir nada. La tristeza, por otro lado, lleva a la parálisis emocional. La amargura es producto de una percepción correcta que puede y debería llevar a la acción para superar la situación; la tristeza es producto de una percepción errónea y lleva a la inacción.

Causas de Angustia

En su libro fundacional de la filosofía de Jabad, el Tania (Caps. 26-34), Rabí Schneur Zalman habla de las distintas causas de angustia y cómo lidiar con ellas.

Para empezar, hay que tomar en cuenta que la angustia es el resultado no tanto de la realidad como de la percepción de la realidad. Al redefinir la percepción de la realidad, desaparece la angustia en forma automática.

En general hay tres tipos de situaciones que provocan los pensamientos angustiantes:

1) Una carencia en la situación material de uno, su salud o la de su familia.

Cuando a uno le falta dinero para pagar sus cuentas, si no goza de buena salud o si tiene un hijo enfermo, D-os libre y guarde, es muy común que esté angustiado.

2) Transgresiones y pecados cometidos.

Una de las causas que provocan la angustia es el sentimiento de culpa que uno siente por su comportamiento indebido para con D-os o para con el prójimo.

3) La lucha incesante contra el instinto negativo.

A veces la angustia es provocada por la falta de capacidad de erradicar el instinto negativo de uno. Cuando uno se concientiza del hecho de que constantemente desea hacer lo prohibido, puede llegar a deprimirse, pensando que debe ser una persona de muy bajo nivel si no puede erradicar su deseo de hacer cosas tan bajas.

Tres Tipos de Recontextualización

Cada una de las angustias mencionadas se puede superar por medio de su correspondiente técnica de recontextualización.

En la primera situación, uno puede lograr la alegría al pensar que no pasa nada en el mundo sin que D-os lo desee así. Como vimos la semana pasada, hay dos tipos de bondad. Está la bondad que podemos percibir y está la bondad superior que trasciende nuestra capacidad de apreciar. Al entender que todo lo que nos pasa es para nuestro beneficio, y cuanto menos entendemos el beneficio tanto más elevado es este, ayuda a que no nos deprimamos y que podamos seguir adelante con alegría.

En la segunda situación hay que pensar: ¿De dónde viene este pensamiento, de repente? ¿Es un remordimiento genuino o es nada más que una maniobra del instinto negativo con el objetivo de deprimirme y hacerme vulnerable frente a las tentaciones y los desafíos de la vida? Si fuera un remordimiento genuino debería poder pensar en ello cuando yo quiero, y no cuando no quiero. La técnica es decirle al pensamiento que vuelva más tarde, en tal día a tal hora para ser “atendido”. Mientras no hay que prestarle atención para que no impida que uno lleve adelante su vida con alegría.

Para el tercer caso, el autor del Tania propone una técnica muy interesante. Dice que pensar que uno debe poder eliminar sus deseos negativos, proviene no de su sensibilidad espiritual sino del ego, creyéndose de gran nivel espiritual, ya que solamente los Tzadikim, la gente justa y perfecta, pueden liberarse totalmente no sólo de expresar el mal, sino también de siquiera desear hacer el mal. La gran mayoría de nosotros no podemos ni se espera que podamos liberarnos del deseo de hacer el mal; lo que está a nuestro alcance es controlar el deseo para no darle expresión en el pensamiento, el habla o la acción. Cada vez que le vienen las ganas de hacer el mal, debería estar contento por el hecho que tiene la posibilidad de cumplir con la voluntad de D-os al hacer frente y no permitir que su instinto negativo se exprese en la práctica.

Ansiedad, Culpa y Autoestima Baja

Pensándolo bien, dichos tres escenarios engloban a todas las posibles causas que llevan a la angustia: 1) la ansiedad por lo que le pasó, le pasa o le pasará; 2) el sentimiento de culpa por lo que hizo o hace; 3) la autoestima baja por lo que piensa que es.

Es por medio de las técnicas de recontextualización mencionadas que uno puede ver la realidad de otra manera y seguir adelante con alegría y motivación.

La Humildad

Un factor muy importante en la batalla contra la depresión es la humildad. Cuanto más humilde es uno, tanto más contento está con lo que tiene y menos triste por lo que no tiene. Ya que sin la humildad uno se cree acreedor de mucho más de lo que tiene, mientras que con la humildad uno se cree menos acreedor y por lo tanto afortunado por lo que sí tiene.

Aclaración

Todo lo antedicho es aplicable para una persona sana que quiere superar su angustia. No supone sustituir la atención médica en caso de que sea necesaria.


(1) www.elobservador.com.uy/noticia/228317/uruguay-es-el-pais-de-america-latina-con-mayor-tasa-de-suicidio/

 

 

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