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La Educación de los Hijos

La Educación de los Hijos

Por Eliezer Shemtov

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La semana pasada vimos el tema del amor entre la pareja. Esta semana veamos algo sobre el amor de los padres hacia los hijos.

Lo mejor que un padre puede hacer por su hijo es educarlo, dándole así las herramientas para poder vivir una vida sana, productiva y feliz.

El Hombre y el Árbol.

La Torá nos dice que el hombre es comparable al árbol del campo (Deut., 20:19). Hay muchas razones para ello. Veamos aquí unos paralelismos que nos pueden guiar en el tema de la educación.

El árbol necesita cuatro cosas para poder crecer y desarrollarse plenamente: tierra, agua, sol y aire.

Del mismo modo, el niño necesita estos cuatro elementos para poder desarrollarse.

Tierra:

La Tierra le provee al árbol de nutrientes. Aplicado a la educación del chico, representa los valores que queremos que absorba. También representa la conexión que queremos que sienta. Cuanto más fuerte es la conexión con su fuente, mejor y más fuerte va a crecer.

La Tierra representa también la estabilidad, inamovilidad. Un chico debe sentirse seguro al saber que se le está proveyendo de valores y reglas que son inviolables. Que no se le está dando valores descartables, de moda, ‘políticamente correctos’, que hoy están aquí y desaparecidos mañana.

En uno de sus informativos e iluminadores artículos sobre el tema de la educación, el Rabino Iaakov Lieder cuenta sobre un granjero que describió el comportamiento de su ganado cada vez que lo llevaba a nuevas pasturas. Primero revisan el alambrado para estar seguro que no tiene brechas. Recién después prosiguen a pastar. Explicó que este fenómeno se debe a que una vez que ven que los límites que los rodean son inviolables, prosiguen a pastar con tranquilidad. No se distraen con la posibilidad de escapar.

Para que nuestros chicos se sientan felices y exitosos, se tienen que sentir seguros y confiar en las reglas y límites establecidos por sus padres.

Agua:

El agua es crucial para el crecimiento de una planta. Entre otras cosas, ayuda a disolver los nutrientes para que la planta los pueda absorber. El agua también asegura que las raíces no se sequen para que continúen funcionando óptimamente. El suelo más rico en nutrientes es inservible si la planta carece de la posibilidad de absorberlos.

El agua, que busca reposar siempre en el punto más bajo, representa la humildad. La humildad es una cualidad indispensable para poder estar abierto a absorber nueva información.

Nuestros chicos deben tener humildad para aprender; si piensan que se las saben todas, no van a aprender.

De la misma manera, nosotros, maestros y padres, debemos tener la humildad para enseñarles. Para tener éxito en la educación de nuestros chicos, debemos humildemente aceptar y "bajarnos" a su nivel. Debemos traducir lo que queremos decirles a un lenguaje que ellos puedan entender y absorber .

Hay una historia de un jasid que vino a consultar al Rabí Schneur Zalman de Liadí, fundador del movimiento Jabad, con temas referidos a la educación de sus hijos.

Al aproximarse a la puerta de la casa, notó a través de la ventana que el Rebe estaba gateando en el piso con su nieto, cargándolo en su espalda como si el niño estuviera cabalgando un pony.

El jasid se fue y volvió más tarde a hablar con su Rebe.

Después que el jasid describió el problema, el Rabí Schneur Zalman le dijo: "Es una pena que no estuvo usted aquí hace un rato cuando estaba jugando con mi nieto. Hubiera visto cómo es necesario bajar al nivel de la otra persona para poder comunicarse más exitosamente…"

El agua representa también transparencia y pureza. El agua pura extrae el potencial especial de cada semilla. Para extraer el potencial especial que cada chico tiene, hay que suministrarle agua pura; la pura y no adulterada verdad de la Torá. Eso le permitirá crecer y desarrollarse a su manera y eventualmente hacer su aporte único y valioso al pueblo judío.

Sol:

Un árbol necesita la luz y el calor del sol.

Luz: No debemos solamente decirles a los hijos qué hacer, debemos mostrarles la belleza y la riqueza de lo que es correcto.

Calor: Debemos proporcionarles a nuestros hijos amor incondicional. Nuestro amor por ellos debe ser tan predecible como el amanecer. Nunca deben sentir que nuestro amor por ellos es condicional. Deben saber que aún cuando estamos enojados con ellos, los amamos. Este amor incondicional instala en ellos una autoestima y seguridad que les permite afrontar los desafíos de la vida con confianza.

Aire:

"Aire" implica dos cosas: espacio y atmósfera.

Espacio : Del mismo modo que un árbol necesita espacio para crecer, también un niño necesita su propio espacio en el cual desarrollar su identidad.

Necesita tener su propio ‘tiempo calidad’ con sus padres. Quizás tiene talentos especiales o hobbies que necesitan ser desarrollados. También, la privacidad del chico debe ser respetada y protegida; no divulgar algo que el chico contó a sus padres en confianza. El Rebe insistía en abrir personalmente cada una de las miles de cartas que llegaban a su nombre (!) para proteger la privacidad del remitente. El Rebe no permitía que nadie entrara en el "espacio" de esa persona sin permiso.

Atmósfera : Es muy importante ser consciente del medio ambiente que rodea a su hijo y la "calidad del aire" que respira, tanto en su hogar como fuera de él. ¿Qué ve su hijo en el hogar? ¿Ve respeto mutuo y amor entre sus padres? ¿Ve padres felices y seguros con cómo son y con lo que están haciendo? ¿Qué les escucha decir (cuando supuestamente no los está escuchando)? ¿Quiénes son sus amigos? ¿De qué hablan en su casa? ¿De qué hablan durante el tiempo libre? ¿Cuáles son sus actitudes?

La atmósfera está determinada no tanto por lo que se dice sino por lo que se hace.

Recuerdo haber conversado una vez con una pareja que me explicó que no podían venir al shil los viernes de noche porque tenían "un partido de bridge con sus amigos". Un tiempo después se quejaron de que su hijo estaba haciendo algo en contra de lo que ellos le habían enseñado. "Nosotros le dijimos muchas veces que ese comportamiento era inaceptable para nosotros. ¿Cómo puede darle la espalda a la educación que le dimos?" se preguntaban.

"No los está ignorando para nada," les contesté. "Ustedes fueron muy exitosos en su educación. Ustedes le enseñaron a su hijo que uno hace lo que quiere y no necesariamente lo que debe… El hecho de que lo que él quiera difiera de lo que ustedes quieren es sólo un detalle. La enseñanza más fundamental la aprendió muy bien."

Lo que su hijo "respira" en la atmósfera que lo rodea tiene mucho más impacto que lo que le dicen.

 

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