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Rosh Jodesh

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Conceptos y Preceptos del Judaismo 

 

Rosh Jodesh

 

El sábado que viene es un Shabat especial. Además de ser también Rosh Jódesh, comienzo de un nuevo mes, está denominado como Shabat Hajódesh, el Shabat de “el mes”, debido al hecho que se lee en la Torá - además de la lectura semanal - sobre el mandato divino de fijar los meses de acuerdo al ciclo lunar.

 

Sistema Lunar

La primera Mitzvá que el pueblo judío recibió de D-os, estando todavía en Egipto, fue la de fijar el mes de la salida de Egipto como el primer mes del año y marcar el tiempo según el ciclo lunar (Exodo, 12:1-2). Con el “nacimiento de la luna nueva” comienza el nuevo mes en el calendario judío. 

En la época en que existía el Templo se traía sacrificios especiales en honor al día.

Hoy en día se conmemora principalmente por medio de liturgias especiales (Véase Kitzur Shuljan Aruj Cap. 97 por más detalles).

¿Por qué es tan importante qué punto de referencia se usa para contar el pasar del tiempo como para que sea el primer precepto que D-os le haya ordenado al pueblo judío?

Nuestros sabios explican que en realidad en este primer mandato está la “Declaración de Principios” del pueblo judío. El pueblo judío no habrá de ser un pueblo más, sino un pueblo diferente. Mientras los demás pueblos cuentan el tiempo según el ciclo solar, el pueblo judío contará el tiempo según el ciclo lunar, ya que el sol y la luna representan sus respectivos roles y razones de ser.

Una de las diferencias entre el sol y la luna es que el sol irradia luz propia, mientras que la luna ilumina por medio de una luz reflejada. Los demás pueblos cuentan el tiempo según el sol ya que aspiran a mostrar su grandeza, mientras que el pueblo judío cuenta el tiempo según la luna representando el hecho que su razón de ser es vivir una vida que refleje la voluntad y grandeza de D-os. Los demás pueblos aspiran a vivir de acuerdo a su verdad, mientras que el pueblo judío aspira a vivir de acuerdo a Su verdad.

 

“Nacimiento” de la Luna

En la literatura talmúdica y halájica, el momento exacto de la reaparición mensual de la luna - en Jerusalem - se llama el Molad, o “nacimiento” de la luna.

Cabe preguntarse por qué denominarlo “nacimiento” si la luna no muere ni nace. De hecho, la luna es igual durante todo el mes, hasta que su luz es igual durante todo el mes; es nada más que en relación a su posicionamiento vis-a-vis nosotros que vemos más o menos de su luz. ¿Por qué hablar de “nacimiento” de la luna?

La respuesta:

El sol y la luna fueron creados ambos con el propósito de iluminar la tierra (Gén., 1:15). Esa es su razón de ser. Si no cumplen con su función es como si no estuvieran. 

He aquí una enseñanza muy importante. 

Nuestra razón de ser como pueblo y como integrantes del pueblo judío es iluminar al mundo con la luz de la Torá. Si no lo hacemos, por más que físicamente estemos, es como si no estuviéramos. Realmente no estamos si no cumplimos con nuestra función primaria. 


Un Pueblo Lunar

Una noche durante la segunda semana de cada mes salimos a la calle a bendecir la luna nueva. En una de las plegarias mencionamos la similitud que hay entre el pueblo judío y la luna: tal como la luna mengua y crece, del mismo modo, el pueblo judío, aunque esté abatido, volverá a crecer y a recuperar su luminosidad.

Históricamente, la 15ª generación desde nuestro patriarca Abraham, la generación del Rey Salomón - correspondiendo al 15ª día del ciclo lunar - fue una época en la cual “la luna estaba en su plenitud”. Fue en ese entonces que se construyó el primer Templo de Jerusalem y el pueblo judío gozó de un período de tranquilidad, seguridad e influencia sin par. Será igualada nuevamente cuando la “luna se llene de vuelta” con la llegada del Mashíaj.


El Calendario

El intervalo entre un “nacimiento” de la luna y el siguiente dura exactamente 29 días 12 horas 44 minutos y 31/3 segundos. Dado que no se puede tener un mes con días fraccionados, alternamos entre meses de veintinueve días y de treinta días.

Antiguamente, cuando existía el Beit Hamikdash y el Sanhedrín funcionaba, el nuevo mes se establecía por medio de dos testigos oculares que vinieron a Jerusalem a prestar testimonio ante la suprema corte quien, consecuentemente, determinaba si anunciar o no el nuevo mes. No es que no sabían cuándo ocurría el nacimiento de la luna; es que se necesitaba la consagración del mes por medio del testimonio de dos testigos “constituyentes”. Si no aparecían dos testigos el día 30, automáticamente, se trasladaba el comienzo del nuevo mes al día 31. 

Hoy en día, al carecer de una Sanhedrín facultada para determinar los meses, usamos el calendario consagrado en Jerusalem por medio de Hillel II (Siglo IV E.C.).


Año Embolismal

Dado que el año lunar tiene un promedio de 355 días (que causalmente es el valor numérico de la palabra Shaná o año) y el año solar tiene 365 días, resulta que las fechas, fijadas por la luna,  se van corriendo unos diez días por año con relación a las estaciones, fijadas por el sol. 

Siendo que la Torá nos encomienda que observemos siempre la festividad de Pésaj en la primavera boreal (Deut., 16:1), agregamos un mes cada dos o tres años para compensar la diferencia. Ese año está denominado Shaná Meuberet (año “preñado”) o año embolismal.

La enseñanza para la vida:

Todas las Mitzvot que hacemos para iluminar al mundo se dividen en dos tipos: aquellos que, como el sol, son constantes, y aquellos que, como la luna, son cambiantes.

Cada uno de los dos tipos tiene una ventaja y una desventaja. Las constantes, si bien no motivan tanto como las esporádicas, están profundamente arraigadas. Las esporádicas motivan mucho, aunque nos están tan profundamente arraigadas.

La enseñanza del año embolismal es que debemos buscar la manera de fusionarlos, o sea introducir la cualidad de cada uno en el otro. Debemos buscar novedad y frescura en los preceptos constantes y debemos buscar constancia en la innovación.

Un ejemplo de cómo introducir la ventaja “lunar” en un acto “solar”: 

Colocamos los Tefilín diariamente sobre el brazo y la cabeza para subyugar nuestros sentimientos y pensamientos al servicio de D-os. La manera de introducir frescura en ese acto diario es pensar cada día en alguna idea o sentimiento personal específico que necesita ser sublimado... La tarea de subyugar es constante (sol); lo que subyugar es cambiante (lunar). 

Un ejemplo de introducir la cualidad “solar” en las actividades “lunares” sería buscar constantemente propuestas novedosas para transmitir el mensaje del judaísmo.

Este artículo es un ejemplo.

 

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