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La Alegría

La Alegría

Por Eliezer Shemtov

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Jaimito: ¿Quieres escuchar un chiste al revés?
David
: OK. Dale.
Jaimito: Bien. Empezá a reír...

Parece un chiste tonto, pero veremos más adelante la lección valiosa que contiene.

Uno de los objetivos más buscados y a la vez elusivos es la alegría. Todos la quieren tener, pero no todos saben encontrarla con facilidad.

¿Por qué cuesta tanto encontrarla?

Quizás porque se está buscando en el lugar equivocado...

Encontrándonos en el mes de Adar, es oportuno analizar el tema de alegría ya que nuestros sabios del Talmud nos encomiendan (Taanit, 29a): Meshenijnas Adar Marbin Besimjá. “Cuando entra el mes de Adar, se aumenta la alegría”. Con más razón este año embolismal en el cual tenemos dos meses de Adar, o sea 60 días de alegría.

En cuanto a la alegría, encontramos una orden directa en la Torá (Deut. 16:14,15): Vesamajtá Bejagueja; “y te alegrarás en tus festividades”.

El Rey David en sus Salmos (100:2) dice: Ivdu et Hashem besimjá; “Sirvan a D-os con alegría”.

Maimónides señala (Hiljot Lulav, 8:15) que la alegría es un fundamento muy importante en nuestro servicio a D-os y la falta de ella, una gran carencia.

Según el Baal Shem Tov, no hay algo que causa más daño espiritual que la falta de alegría ya que la depresión abre la puerta para todo tipo de decadencia.

Hay que entender: ¿Cómo se puede ordenarle a uno a que esté alegre? Y ¿Cómo se hace para lograrlo?

Según las enseñanzas jasídicas, la alegría es el estado natural de uno. Un bebé sano es naturalmente feliz. El estado natural del ser humano es ser feliz. Es a medida que uno va creciendo y madurando que su percepción de la realidad puede sabotear ese estado natural. La alegría y la falta de ella, entonces, son resultado no de la realidad sino de cómo uno percibe su realidad. Al reconfigurar la percepción negativa, fluirá el estado natural de alegría.

Veamos un ejemplo.

Una de las causas principales de la tristeza es la sensación del fracaso. Para poder definir “fracaso”, hay que determinar primero los parámetros del “éxito”. Si uno se propone correr el maratón de
40K, por ejemplo, y llega último, ¿es considerado un fracaso o un éxito?

Depende de lo que se propuso. Muchas veces la sensación de fracaso es simplemente producto de la arrogancia de uno. Uno se atribuye cualidades que no le corresponden y según ellas se fija metas que van más allá de su capacidad real y en vez de sentirse realizado por lo que sí logró se siente fracasado por lo que no logró.

El sabio mishnaico, Ben Zomá, lo expresa de una manera muy sucinta: Eizehu Ashir? Hasaméaj bejelkó. “¿Quién es el rico? El que está feliz con lo que tiene.” (Pirkei Avot, 4:1) Este dicho parece ser contraintuitivo, ya que uno pensaría lo contrario, que la riqueza es la causa de la felicidad y no que la felicidad es la causa de la riqueza. He aquí, entonces, una profunda enseñanza de vida: la riqueza no es producto de la situación en la cuenta bancaria, sino de la situación en la cabeza...

¿Cómo se logra tener dicha actitud enriquecedora»? ¿No es demasiado conformista, decir que me conformo con lo que tengo? ¿Cómo concuerda esta actitud con la ambición personal y el afán por superarse? ¿Acaso es bueno que uno se conforme con lo que tiene, sin intentar mejorar su posición?

Aquí llegamos al meollo del asunto. Estar contento no quiere decir estar satisfecho y estar insatisfecho no quiere decir no estar contento.

Veamos por qué: La Torá (Gén. 32:4 – 33:17) nos cuenta del encuentro entre Iaakov y Esav. Unos cuarenta años después de que Iaakov se escapó de la ira de su hermano Esav quien lo quería matar por haberle sacado las bendiciones de su padre, Itzjak, llegó el momento de volver a casa... Iaakov, al enterarse que su hermano, Esav, estaba en camino para “recibirlo” con 400 hombres de guerra, se preparó de varias maneras, una de las cuales fue un regalo muy importante de sirvientes, ganado, y animales de carga, con el objetivo de aplacarlo. Cuando finalmente se encuentran y se abrazan, Esav le pregunta a Iaakov, ¿qué es todo esto que mandaste? Iaakov le explica que es un regalo para encontrar la gracia en sus ojos. Responde Esav: Quedátelo; tengo mucho. Iaakov responde: Aceptámelo, ya que tengo todo. (Ibid 33:9,11)

Ahora, ¿quién, entre los dos tenía más: Esav, quien dijo tener mucho o Iaakov, quien dijo tener todo?

En realidad no se sabe quién tenía más ceros en su cuenta bancaria y no es ese el tema, ya que la riqueza depende de la actitud: Esav dijo que tiene mucho, porque quería más; no consideró que tenía todo lo que quería. Iaakov decía tener todo, porque entendió que tenía todo lo que precisaba.

¿A qué se debe esa diferencia de perspectiva?

Esav atribuía su riqueza a sus esfuerzos personales y evaluaba el valor de la misma en base a sus necesidades y deseos personales. Iaakov, en cambio, entendió que todo lo que el tenía no era para su placer personal, sino para poder cumplir con su misión de vida. Todo lo que tenía no era solamente gracias a sus esfuerzos, sino porque así lo designó D-os. Si D-os le dio lo que tiene, quiere decir que tiene absolutamente todo lo que necesita, ya que si hubiera necesitado más para cumplir con su misión de vida, D-os le hubiese dado más. «Tengo todo».

Con esta explicación podemos entender lo que dice Ben Zomá que el rico es el que está feliz con lo que tiene; no sólo «conforme», sino «feliz». El saber que lo que uno tiene es de D-os y es para cumplir con la misión por la cual uno nació, lo hace feliz. Es realmente rico, ya que no solo tiene mucho, tiene todo. Muy diferente es aquel que trabaja para cumplir con metas personales basadas en intereses personales que nunca se terminan de satisfacer.

Hay otras percepciones negativas que uno puede tener que le pueden provocar tristeza. Al identificar, entender y “reconfigurarlas” uno puede lograr restaurar la alegría. Están analizadas extensamente en el libro del Tania, Caps. 26 – 33.

¿Qué aprendemos del chiste “al revés”? Una de las maneras más eficaces de lograr la alegría personal es actuar como si la tuviera. Reíte, y la alegría vendrá.

Rabino.Shemtov@Jabad.org.uy

 

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