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Y Usted, ¿De Dónde Es?

Y Usted, ¿De Dónde Es?

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por Rabino Eliezer Shemtov

Las noticias del mundo cambian de una manera vertiginosa. Lo que es noticia hoy, seguramente será “historia” mañana, o inclusive ya dentro de unas horas.... cada tanto ocurre algo, no obstante, que tiene un significado que va más allá del momento y circunstancias específicos y gana su lugar en el “patrimonio cultural” del pueblo judío...

Comparto aquí una pequeña anécdota que, a mi entender, entra en esa categoría.

Sucedió el miércoles 26 de mayo, la noche del amistoso entre Israel-Uruguay en el Estadio Centenario. Poco antes de que comenzara el partido tomé un taxi para ir a Hillel a dar mi clase semanal de Morashá.

La radio en el taxi estaba encendida y se comentaba el partido que estaba por empezar dentro de una hora.

De repente el taxista me pregunta: “Ud., ¿de dónde es?”

“De EE. UU.,” respondí.

“Pregunto por su barba... ¿Usan barba allá?”

“Claro,” respondí. “Es más económico...”

“Ah... pensé que era de Israel....”

“De hecho, mi alma es de Israel, pero mi cuerpo es yanqui,” aclaré.

“Ajá,” exclamó. “así que Ud. es de Israel...”

Me quedé mirándolo y pensé: ¡Wow! ¡Qué lección acaba de recibir! En ese momento me vino a la mente una conversación que había tenido con unos jóvenes universitarios unas semanas antes.

Les había preguntado qué se consideraban, ¿judíos uruguayos o uruguayos judíos? ¿Se consideraban más uruguayo o más judío?

Los que levantaron la mano indicando que son más uruguayos que judíos fueron la mayoría.

“Vamos a entender esto,” les dije.

Si hubieran nacido en la Argentina, ¿serían uruguayos?

“No,” respondieron.

“¿Serían judíos?”

“Si.”

“Si nacieran en Italia, ¿serían uruguayos?”

“No.”

“¿Serían judíos?”

“Si”

“¿No demuestra eso que su condición de "uruguayo” es circunstancial, mientras que su condición de “judío” es esencial? ¿Por qué, entonces, se consideran más uruguayos que judíos?”

Les dije que me parecía que se debía al hecho que han desarrollado más su cultura uruguaya que la judía; que han desarrollado más su lado “circunstancial”, que su lado “esencial”...

Seguimos conversando mucho sobre el tema. Algunos argumentaron que el hecho de haber nacido en el Uruguay era un hecho inalterable mientras que su religión estaba sujeta a cambios…. ¿No implicaría esto que mi condición de judío es más circunstancial que mi condición de uruguayo?

Seguimos explorando qué era, de hecho, la implicancia de ser judío. ¿Era una identificación religiosa? ¿Nacional? ¿Étnica? ¿Es una descripción de lo que soy o simplemente una descripción de lo que creo, digo o hago?

La conversación había sido muy interesante y productiva.

“Qué interesante,” pensé, “que el taxista tenía el tema de mi identidad tan clara…”. Me quedé pensando. El judío siempre siente la necesidad de justificar su existencia. Si no se ve obligado a justificarla a los demás, se ve obligado a justificarla para sí mismo. Como escuché muchas veces de mi amigo el Sr. José Jerozolimski, z”l: hay dos tipos de judíos, los que dicen “soy judío” y a los que les dicen: “¡Judío!”

Aun aquellos que se consideran muy acriollados, llevan adentro siempre la sensación de “outsider”, de inmigrante. ¿A qué se debe? ¿Acaso los descendientes de los italianos se sienten inmigrantes? ¿Tienen esa necesidad de ser aceptados como criollos de pura sepa? ¿Quiénes son los uruguayos originales? De los autóctonos no quedó rastro… Son hoy todos hijos de inmigrantes. ¿Por qué es que el judío lo lleva a flor de piel?

Creo que eso se debe a que el judío no se siente extranjero solo en determinados países. La mera existencia física le exige una justificación. ¿Por qué y para qué estoy aquí en la tierra?

Haga la siguiente prueba:

Pregúntele a un italiano si es italiano. Lo más seguro es que le diga que sí. Si le pregunta a un uruguayo si es uruguayo le dirá que si. Si le preguntas a un judío si es judío, lo más probable es que le responda: “¿Por qué?”.

El mero hecho de ser judío implica la necesidad de justificarse. Implica cuestionar el status quo del mundo que le rodea y su lugar especial en él.

De hecho, ese cuestionamiento empieza apenas el alma baja al mundo para ocupar su cuerpo. “¿Soy mi alma y tengo un cuerpo o soy mi cuerpo y tengo un alma?”

En otras palabras: ¿qué aspecto mío es el esencial y cuál es el circunstancial? ¿Soy mis instintos y deseos y el alma es la energía que los hace funcionar y permite que se satisfagan? o ¿Soy mi alma y el cuerpo es simplemente el vehículo por medio del cual puedo realizar la tarea por la cual fui creado?

La respuesta depende de cómo uno define de dónde viene.

Y Ud., querido lector, ¿de dónde es?

 

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